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La Formación Teológica y la importancia de los títulos académicos
Escrito por Rev. Johnny Ascencio   
Rev. Johnny Ascencio
"No es necesario estudiar ni tener un titulo para servir a Dios", fue la respuesta que me dio un creyente anónimo cuando le hablé de la necesidad de estudiar en el instituto bíblico. Si tienes un llamado del Señor a un ministerio y realmente desea servir a Dios, debes capacitarte realizando estudios en alguna institución teológica.

¿PORQUE RAZÓN DEBO ESTUDIAR TEOLOGÍA?
Todos aquellos que desean servir al Señor necesitan estudiar teología, de manera especial aquellos que tienen un llamado para trabajar en la obra a tiempo completo; ya que para hacerlo con excelencia,  se debe estar bien  capacitados; alguien podría argumentar que los apóstoles no se matricularon en ningún seminario o instituto, pero, se debe tomar en cuenta que aunque no lo hicieron al estilo de nuestros días, ellos se capacitaron durante tres años y mas  con el mejor de los maestros que ha tenido la humanidad en todos los tiempos Jesucristo el Hijo de Dios; por otro lado, el mismo apóstol Pedro, nos enseña que debemos estar siempre preparados ..... 1Pedro 3:15, y el apóstol Pablo le dice a Timoteo que procure con diligencia presentarse ante Dios aprobado como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad, 2 Timoteo 2:15. Así que, si realmente quieres servir al Señor de la mejor manera y tener un ministerio eficaz, debes  capacitarte en el área teológica.

¿QUÉ  ES  LO  QUE  CAPACITA  A  UN SERVIDOR  DE DIOS PARA EJERCER CON  EFICACIA  EL MINISTERIO QUE DIOS LE  HA  ENCOMENDADO?
¿Son acaso los títulos académicos los que capacitan al obrero para ejercer con eficacia su ministerio? Los títulos no sanan heridas del alma ni dan consuelo al necesitado, los títulos no sanan enfermos ni echan fuera demonios, los títulos no dan sabiduría para aconsejar , los títulos no tiene poder para ayudarte en el tiempo difícil, cuando ejerces la labor ministerial; solamente  Dios puede hacerlo, a través de ministros que se han formado valorando su comunión con Dios y que se han capacitado dando prioridad a lo que Dios puede hacer en la obra del ministerio, antes que confiar en el mero intelecto y técnicas humanistas. Algunos enfatizan tanto en el título que no les importa lo que les enseñe, y sin darse cuenta son atraídos por las enseñanzas que hablan de las avanzadas técnicas  y habilidades del hombre y alejan su mirada de Dios, inclusive hay otros que se convierten en humanistas y dejan de confiar en Dios, amando más la obra que realizan antes que al dueño de la obra. Y peor aun existen quienes se creen tan “sabios” e intelectuales que influenciados por teólogos incrédulos y liberales de la alta crítica,  consideran una actitud ignorante creer en los milagros de la Biblia.

Un título debe ser un comprobante que certifica que la persona ha recibido la apropiada instrucción en relación con la especialidad que se propuso estudiar ( especialmente si es Teología Práctica ); pero, lamentablemente no siempre ocurre  así.  Aunque no nos guste esta realidad, en Latinoamérica existen instituciones de educación superior que ofrecen títulos académicos, pero su educación en el área teológica, ministerial y espiritual deja mucho que desear, y hay otras que tienen muy buena didáctica y pedagogía, pero,  su filosofía de la vida cristiana está lejos de los principios de ética y moral cristiana que hemos aprendido con nuestros padres espirituales;  así es como proceden dichas instituciones  que con el pretexto de la investigación y educación objetiva, promueven una teología liberal que aleja cada vez más a nuestros ministros de la fe y de la sana doctrina en la que fuimos instruidos al principio. Finalmente debo mencionar que algunas de estas instituciones suelen hacer más énfasis en la obra social  que en la salvación de las almas; ¿De que le sirve al hombre tener salud física, alimento y vestido si al final pierde su alma? Si bien la labor social en nuestras comunidades es importante, sin embargo el preocuparnos por la vida espiritual de nuestro prójimos es más importante y es el primer paso para hacer acción social, lo cual  es mejor que realizar obra social.
         
Sin embargo, a pesar de esta realidad, no podemos negar que los títulos son importantes para el reconocimiento oficial y legal ante el gobierno y ante las instituciones seculares con las cuales se deben cumplir actividades laborales.

¿QUÉ DEBE PREOCUPARME MÁS EN MI CAPACITACIÓN?
Por lo antes mencionado, todo creyente que quiere servir al Señor, no puede dejar de pensar en el título que le ofrece la institución; pero, su principal preocupación debería ser la formación espiritual, ministerial y doctrinal que debe recibir en la entidad que desea estudiar, es decir una formación integral.  

¿EN CUAL INSTITUCIÓN DEBO CAPACITARME?
Para recibir una buena orientación en relación con esta decisión, se debe consultar a los lideres y pastores de su iglesia; sobre todo a aquellos que se relacionan con el tipo y clase de ministerio que queremos tener.
Si Jehová no edifica la casa en vano edifican los edificadores. Si Dios no ocupo un lugar importante en nuestra formación y nuestro ministerio de nada nos sirve. (Salmos 127:1)

¿COMO DEBERIA SER UN MINISTRO QUE SE GRADUA DE  UN A  BUENA INSTITUCIÓN TEOLOGICA?
Quiera Dios, que los nuevos ministros que se gradúen en los seminarios, no sean personas con actitudes gnósticas, liberales y humanistas, sino, cristianos que creen, que la Biblia es la Palabra de Dios, que creen que los milagros también son para nuestros días, que creen que el bautismo en el Espíritu Santo también es para hoy  y que se han preocupado por buscarlo; que son individuos que aman a Dios, y que por ese amor que le tienen a Dios desean servir a la sociedad, confiando que el Señor les ayudará a potencializar sus conocimientos, sus dones y sus habilidades, para realizar un buen servicio al prójimo. Ideal sería, que sean ministros que son conscientes, de que el que los llamó al ministerio no fue su pastor o su presbítero, sino, el Dios Omnipotente;  y  por lo tanto, crean que él es el único que realmente puede ayudarlos en tiempos de crisis; ya sean emocionales, familiares, económicas, eclesiásticas, espirituales o de salud. Soñamos con ministros que estén dispuestos a trabajar por sí mismos, para cumplir la misión que su Señor les ha encomendado, sin esperar que otros hagan el trabajo que les toca a ellos mismos, que no esperen que les den una iglesia para trabajar, sino que se dejan usar por Dios para levantar una, si es necesario; que no esperan que les organicen una campaña para ejercer su ministerio, sino que ellos mismos buscan a los inconversos para predicarles como lo hizo Jesús en su tiempo; que no buscan que otro les provea de discípulos para tener a quien enseñar, sino que el mismo busca ganar sus discípulos, como lo hizo el maestro cuando buscó sus doce; que no buscan resolver sus discrepancias ministeriales con agresiones , pleitos y conflictos legales, sino que lo solucionan con diálogo, actitudes prudentes, sabias y respetuosas  y mucha oración.

Estos son los ministros que harán que el reino de Dios se engrandezca aquí en la tierra; estos son los ministros que lograrán que más almas vengan al Señor; estos son los ministros que lograrán que las iglesias y sus denominaciones crezcan; estos son los ministros que lograrán que nuestra sociedad mejore y prospere en lo espiritual, en lo económico, en la salud, en la educación y en lo político.

¡Oh Dios! ayúdanos a hacer lo mejor de nuestra parte para lograrlo.

 
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